Es momento de dejar de hablar del Mexican Moment – Animal Politico

Guido Lara

Perfil Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos.

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Es momento de dejar de hablar del Mexican Moment ante los públicos internacionales porque es mal branding.

Es un concepto peligroso para los intereses mexicanos en el mundo. Lo es porque la naturaleza misma de un momento es efímera, breve, se acaba, pasa.

El concepto atrae la atención de los analistas, de los altos funcionarios, los inversionistas y los medios de comunicación para preguntarse si va a llegar, si ya llegó o de plano si ya pasó. Pero lo único cierto de un momento es que no dura, que se esfuma.

Tenemos debilidad por los conceptos temporales que mueren. Ni más ni menos que la humanidad entera y de una vez también el Universo se iban a acabar en Diciembre del 2012, mayas dixit -sabemos que tal frenesí fue causado por una mala interpretación de anotaciones mayas sobre ciclos temporales, pero no deja de ser ilustrativa sobre nuestra vocación por el apaguen la luz y vámonos-.

Un artículo publicado el 31 de noviembre del 2012 en The Economist, titulado precisamente The Mexican Moment y firmado por Enrique Peña Nieto, dio luz al concepto. Se reconoce y agradece a los profesionales responsables de la relación con los medios internacionales el haber logrado cambiar radicalmente el acento de la cobertura noticiosa de la muerte, la sangre y la destrucción hacia una expectativa positiva de cambios de fondo y desarrollo económico en nuestro país (revisar lo publicado por New York Times, The Economist, El País, en los primeros meses del gobierno). El cambio de cobertura fue radical, salimos de las sombras y se empezó a ver bastante luz y eso está bien.

El día de su toma de posesión, el Presidente Peña Nieto cerró su discurso con estas palabras: “Vienen, de eso estoy convencido, mejores tiempos para todos los mexicanos. Porque éste, éste es el momento de México”.

El gobierno actual ha diseñado e instrumentado con relativo éxito su plan estratégico. El Pacto por México le ha permitido sacar ya reformas importantes en materia educativa, recaudatoria y de protección social. Ha manejado con gran acierto la dinámica al interior de las fuerzas políticas partidistas -sin embargo, se le ha complicado el control de otras fuerzas agrestes y no domesticadas como la CNTE o las autodefensas u otras esferas de acción como el desplome del crecimiento económico, pero bueno, eso es harina de otro costal-.

Hablar de momentos cruciales tiene sentido desde una lógica de coyuntura y tácticas políticas. En su tiempo, la campaña de Vicente Fox utilizó conceptos que hicieron un corte tajante en el tiempo como “YA” o el involuntario “HOY” que sirvieron para catalizar el deseo de cambio de régimen que desbordaba a la sociedad mexicana. En este 2013, el gobierno de Peña Nieto se ha propuesto sacar aquí y ahora las reformas más importantes de su gestión por lo que es comprensible hablar de El Gran Momento. Esto tiene sentido para la agenda legislativa del presente, pero no lo tiene como concepto para posicionar y promover los intereses mexicanos en el mundo (exportaciones, inversiones, radicación de empresas, turismo, influencia internacional).

Estamos viendo un caso más de confusión entre la gimnasia y la magnesia. Entre la táctica y la estrategia. Momento es un buen concepto táctico para una agenda legislativa pero es muy peligroso en términos estratégicos para posicionar un país en el concierto global. Es momento de dejar de hablar del Mexican Moment, es clave enterrarlo ahora, como lo hicimos con el mítico Diciembre del 2012, y pasar a conceptos temporales duraderos y ambiciosos.

El momento de México contra el siglo de China. Que madriza conceptual. Nuestra vocación por el corto plazo y la ceguera hacia transformaciones graduales, sistemáticas y de largo aliento no debe quedar consagrado en una etiqueta comunicacional fallida.

Tenemos que generar conceptos, políticas, estructuras y actitudes que no se agoten en el tiempo, que duren y que nos proyecten hacia metas altas y ambiciosas.

Esta incapacidad de mantener el paso y el largo aliento se ve en demasiadas áreas de nuestra vida social. Muy ilustrativo es el caso de las selecciones de futbol Sub 17, ya dos veces campeonas del mundo y a sólo un triunfo de volver a lograrlo. Luego no somos consistentes, no sostenemos el paso y tenemos que sacar de la manga equipos que “pasan por un buen momento”. Tal es el caso del Cruz Azul que usó Aguirre o ahora el América del Piojo.

Es momento de ir enterrando el Mexican Moment (Memo) y dar paso al Tiempo de México, así eterno, sin inicio ni final. Es importante que la nueva etiqueta que pudiera generarse tenga solidez, visión de largo plazo y sentido estratégico ¡No más llamaradas de petate!


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